lunes, 29 de enero de 2007

EL PRECIO DE SER CRISTIANO EN TIEMPOS MODERNOS


2.- TE ECHARAN
Jesús advirtió: “Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios” (Juan 16:2). Jesús dijo: estas cosas les digo, para que no se entristezcan... no se sorprendan cuando las iglesias tibias los arrojen: “Porque no conocen al Padre ni a mí” (Juan 16:3)

Jesús sanó a un hombre que había nacido ciego. Fue traído a la iglesia para ser interrogado por los fariseos religiosos. Sus ojos se habían abierto: ¡Podía ver! Y dijo: “Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo” (Juan 9:25). ¿Se regocijaron ellos porque este hombre había recobrado la vista? ¡No! “Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿Y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron” (Juan 9:34)

Ese hombre ciego representa el remanente santo –aquellos cuyos ojos han sido abiertos a la santidad de Dios–. Sigan adelante; testifiquen como él lo hizo ¡Antes estaba ciego y ahora veo! Ellos te echarán diciendo ¿Quién te ha hecho nuestro maestro? ¡Si tu pretendes caminar de acuerdo a la voluntad de Cristo, debes estar preparado para soportar su vituperio! “Porque por amor de ti he sufrido afrenta; confusión ha cubierto mi rostro. Extraño he sido para mis hermanos, y desconocido para los hijos de mi madre (mis hermanos y hermanas). Porque me consumió el celo de tu casa; y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí” (Salmo 69:7-9). Esto habla primeramente de los sufrimientos de Cristo ¡Pero tal como Él estaba en este mundo, así estamos nosotros! Si ellos lo persiguieron y lo vituperaron, harán lo mismo con aquellos que mueren a sí mismos. ¿Quién vituperó a Cristo? ¿Quién amontonó deshonra sobre su cabeza y arrojó su nombre como una inmundicia? ¡La multitud de la iglesia centrada en el hombre!

¡Echar a los creyentes santos, es el más grande favor que la iglesia centrada en el hombre, pudiera otorgarles! Escucho a cristianos decir: Mi iglesia esta muerta ¡No me gusta lo que está pasando, pero Dios me puso aquí! Permaneceré y trataré de cambiar las cosas. Esto puede ser peligroso y es antibíblico. ¡Debemos salir de todo lo que es de Babilonia! También, puede ser la tradición la que te esté deteniendo. Puede ser que no estés listo para caminar de acuerdo a la voluntad de Dios como pensabas. Tus viejos amigos te detienen.

Pablo entraba a las sinagogas en cada parte que iba, “como acostumbraba” (Su práctica) (Hechos 17:2). Él predicó a aquellos ciegos devotos de Isaías, diciendo: “Porque yo hago una obra en vuestros días, obra que no creeréis, si alguien os la contare” (Hechos 13:41). Trató de persuadirlos muy fuerte, esperando que escucharan. Pero finalmente Pablo oyó la profecía de Isaías impactar su alma: ¡No hay forma de que ellos crean, aunque permanezcas con ellos y lo declares! Pon atención a esta advertencia: ¡Haz lo que Pablo hizo y retírate! Él “sacudiendo contra ellos el polvo de sus pies” (Hechos 13:51). Pablo dijo a estos judíos religiosos: “Era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis... he aquí, nos volvemos a los gentiles” (Hechos 13:46).

Si tú estás en una comunidad o iglesia que ha oído la verdad y la ha desechado: ¡Déjala! Salte ¡O tus hijos pueden apostatar! Olvídate de decir: ¡Es que mis hijos tienen amigos aquí! Sí, y todos ellos pueden creer sin convicción de pecado, por la falta de poder o de la presencia de Dios. Tú no vas a cambiar nada -¡en ninguna manera!- Sin embargo, ellos sí pueden cambiarte. ¿Qué compañerismo tiene la luz con las tinieblas? Sal fuera de ellos y manténte separado y limpio ENTONCES TE RECIBIRE-”.

3.- ¡SERAS APEDREADO!

¡Serás apedreado por la mayoría! “Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hechos 7:59). ¡Había un hombre contra la multitud!

Aquí tenemos un hombre “¡Con sus ojos fijos en Jesús!”, Siendo aborrecido por sus opositores. Escuchen el odio de estos hombres con vestidura de fanático religiosos: “Y crujían los dientes contra él. Se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él” (Hechos 7:54,57). ¿Qué fue lo que este hombre justo hizo para enfurecer a las multitudes religiosas? Predicó la verdad que les partió el corazón: “¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. Vosotros que recibisteis la ley... y no la guardasteis” (Hechos 7:51,53). ¡Él tuvo que predicar la verdad! Ellos tenían su corazón aún ligado al mundo –atado por su codicia–. Sabían lo que era la ley de Dios, pero rehusaron obedecerla. Ellos crucificaron a Cristo.

La espada de dos filos de la verdad había partido lo más profundo de sus corazones. Pero fue su testimonio, cuando vio el cielo abierto, lo que atrajo la ira sobre él. “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon” (Hechos 7:55-58).

¡Esteban sacó a la luz la mezcla, el corazón divido!: “Entonces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se regocijaron. Y Dios se aparto, y los entregó a que rindiesen culto al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas: ¿Acaso me ofrecisteís víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel? Antes bien llevasteis el tabernáculo de Moloc, y la estrella de vuestro dios Renfán, figuras que os hicisteis para adorarlas. Os transportaré, pues, más allá de Babilonia” ( Hechos 7:41-43).

En esta época de gracia, si miras a una mujer con codicia, has cometido adulterio ante los ojos de Dios. Si odias, eres un asesino. Y si palabras ruines son lanzadas a ti por caminar de acuerdo a la voluntad de Dios, ¡estás siendo apedreado! “Los labios del necio traen contienda; y su boca los azotes llama... Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas” (Proverbios 18:6,8). “Que afilan como espada su lengua; lanzan cual saeta suya, palabra amarga” (Salmos 64:3).

Jesús enseñó una parábola del labrador que poseía una viña y envió por los frutos al tiempo de la cosecha. Envió a sus sirvientes. “Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon” (Mateo 21:35). ¡Así es hoy! Dios ha enviado sus santos atalayas a recoger el fruto de su viña. Pero en lugar de eso, hay palizas verbales, muertes con odio, apedreados con palabras hirientes. Tenemos hoy en día una “compañía de Esteban” quienes pueden decir: ¡He visto el cielo abierto! Esto es una clara visión de Jesús –esa cortante palabra de verdad, ¡que provoca la ira de aquellos incircuncisos de corazón!-

Los israelitas trataron de aprender a Josué y a Caleb por su llamado a caminar de acuerdo a la voluntad de Dios. Diez espías desalentaron al pueblo de Dios diciendo: No podemos ir. ¡Hay demasiados gigantes! ¡Demasiadas murallas altas! “Y Caleb dijo... subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos” (Números 13:30). Pero ellos dijeron: “Designemos un capitán, y volvamos a Egipto” (Números 14:4) “Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis. Entonces toda la multitud habló de apedrearlos. Pero la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel” (Números14: 6-10)

Mi interés en esta historia no es por Josué y Caleb, sino por Dios, que estaba con ellos. ¡Mi interés es por este pueblo de Dios que estaba crujiendo los dientes y recogiendo piedras! ¿Por qué un llamado a la obediencia provocó en ellos tal reacción? ¡Vean el llamado! Estoy convencido de que una vez que el corazón es capturado por un ídolo o codicia, la incredulidad se posesiona. La indiferencia y la incredulidad van de la mano. Por tal razón, toda predicación en contra de ser indiferentes al pecado los hace rechinar y terminan peleando contra Dios, mientras que ciegamente están confesando su nombre.

UNA ADVERTENCIA
¿Cómo debería reaccionar un justo cuando es rechazado, echado, apedreado? Jesús reaccionó, como un cordero “y no abrió su boca”. No pidas que descienda fuego del cielo sobre aquellos que abusan de ti.

“¿Por qué no sufrís mas bien el agravio? ¿Por qué no sufrís mas bien el ser defraudado?” (1ª. Corintios 6:7) “Nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos” (1ª. Corintios 4:12) “Ora por aquellos que despiadadamente te agravian”.

No tengo tiempo para los arrogantes, llamados por sí mismos profetas que pelean, amenazan o arrojan maldiciones. Cuando Simei se paró en un cerro arrojando piedras a David mientras él se retiraba de Jerusalén y de Absalón, el capitán del ejercito dijo: “¿Por qué maldice este perro muerto a mi Señor el rey?” David respondió: “Dejadle que maldiga... Quizá mirará Jehová mi aflicción, y me dará Jehová bien por sus maldiciones de hoy” (2ª. Samuel 16:9,11,12).

Moisés fue a la mañana –encerrado con Dios -, “Y su rostro resplandeció”. Y aun cuando todos los demás pudieron verlo, tanto que tuvo que ponerse un velo sobre su rostro, él mismo no “estaba consciente de que su rostro brillaba”. Aun no se había dado cuenta de que el reflejo de la Santidad de Dios estaba sobre él. Como Esteban, Moisés no ostentaba el toque de Dios. Ellos no se daban el aire de un profeta. No amenazaban; no hablaban de tener “nuevas” o “especiales” revelaciones. No se pusieron una máscara ni manifestaron falsa piedad. Humildad es la Señal de un alma totalmente dependiente de Cristo. En ésta no existe absolutamente el orgullo espiritual, ni la exclusividad.

LA RECOMPENSA DE CAMINAR DE ACUERDO A LA VOLUNTAD DE DIOS

¿Cuál es la recompensa? ¡Tener a Cristo junto a ti! Hay muchas otras recompensas por caminar de acuerdo a la voluntad de Dios, pero menciono sólo una, porque es todo lo que necesitamos. Pablo estaba encarcelado en una fortaleza en Jerusalén, mientras todo el sistema religioso buscaba matarlo. La iglesia estaba consternada. Él fue acusado de “Profanar el lugar santo, de predicar una falsa doctrina”. Aun los soldados “temieron que Pablo fuera despedazado”; así es que lo arrebataron de en medio de ellos y lo apresaron en un castillo. “A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma” (Hechos 23:11”)

El mismo Señor le habló a Pablo -¡no un ángel!- Y qué palabra: ¡ANÍMATE! ¡HAY MAS POR VENIR! ¡Pero podrás enfrentar cualquier circunstancia o a cualquier persona si sabes que: EL SEÑOR ESTA CONTIGO!

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